1.Urgué en una caja de zapatos -la que esta escondida en el armario, la que sirve de caja fuerte-, y saque mi dinero con la idea de invertirlo en una mejor casa para pasar mi vejez, fuera de la urbe en un lugar apartado. Toda mi vida como abogado, ahorrando este dinero, soñando con un tranquilo jardín perfumado y paredes de roble por toda la casa.
Ahora, con mis ahorros en una bolsa, y la determinación que me distinguió como abogado, salí de casa desidido a encontrar una hermosa casa de campo.
Entre deprisa al vagón de tercera clase del que había comprado el boleto; al no encontrar boletos mejores, me tuve que conformar con este lugar. El tren ya partía.
Dentro ya no había espacio y un sofocante olor me empujaba por todos lados. Permanecí encajado, con mi bolsa repleta de dinero delante mía y mis manos sobre la bolsa, por miedo a que me la robaran; y no hubieran dudado en hacerlo pues todas personas del vagón parecían vagabundos: sucios, mal olientes y pobres; que repugnante espectáculo aquello.
Pasamos una estación y poco después un oficial entro al vagón, nos echo una mirada contándonos rápidamente y abrió la puerta por donde venía, nos indico que la mitad pasara al vagón contiguo -que estaba vació-. El tren iba en su velocidad habitual, lo que dificulto el paso de un vagón a otro, pues había que pasar por un delgado tramo sin protección antes de llegar a la estancia vacía.
Era mi turno, delante de mi un viejo de empeorable aspecto se disponía a cruzar. Al momento de dar su primer paso, el huarache de su pie izquierdo resbalo y cayó fuera de los vagones dejando su pie desnudo. Aturdido por lo que acababa de ocurrirle el viejo brinco aguilmente al otro lado y casi en el mismo instante que el viejo logro llegar al vagón, se quito el otro huarache y sin perder tiempo lo arrojo en dirección del primero...
Cruce sin titubear y fui en busca del viejo, quería saber la razón del despojo de su huarache derecho.
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